Hace unos días otro megaescándalo remeció los mercados financieros mundiales. Esta vez FTX, una de las principales plataformas donde se compran y venden criptomonedas, se acogió al Capitulo 11 en EE.UU. (Ley de Bancarrotas), dejando un “hueco” financiero estimado a la fecha en más de 20 mil millones de dólares de cerca de un millón de furiosos clientes y acreedores. Pareciera que los seres humanos nunca aprendiésemos de nuestros errores pasados.
Desde que el Bitcoin, la primera gran criptomoneda, fuera inventada hace 14 años por Satoshi Nakamoto (alias usado por su anónimo creador), han surgido unas 10 mil criptomonedas con un estimado de 300 millones de usuarios en todo el mundo. A pesar de los dramáticos altibajos en sus cotizaciones de los dos últimos años, la valoración actual de todas estas criptomonedas alcanza la no despreciable suma de 800 mil millones de dólares, equivalente a 40% de todos los US dólares en circulación en el mundo o 7% del valor de las tenencias mundiales de oro. Sin embargo, de las tres funciones del dinero (medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor) es claro que las criptomonedas vienen cumpliendo – y solo a medias – la última mencionada. Por tanto, se puede decir que, hasta el momento, el éxito de estos activos tan disruptivos es solo parcial.
El debate sobre la bondad real de las criptomonedas tiene para largo. Para los escépticos, su valor descansa únicamente en la confianza de inversionistas – incautos – que deciden incluirlas en su portafolio. Para los optimistas, el desarrollo y perfeccionamiento de la tecnología del blockchain y los “contratos inteligentes” que soportan algunas de las principales criptomonedas del mercado como Bitcoin y Ethereum harán que su uso sea cada vez más extendido con lo que subirían sus cotizaciones, generando pingües ganancias a quienes las atesoran.
En el día a día, las transacciones de criptomonedas tienen lugar principalmente en las llamadas “criptobolsas”, estas plataformas electrónicas de negociación equivalentes a las bolsas de valores para las acciones o lo commodities. Existen muchas criptobolsas en el mundo, sin embargo, FTX llegó a ser la tercera criptobolsa más grande por volumen de negociación en solo dos años. Con sede en las Bahamas, fue fundada en el 2019 por Sam Bankman-Fried (más conocido como SBF), un innovador empresario de menos de treinta años, graduado del prestigioso Massachussetts Institute of Technology, de “buena familia” y contactos en círculos académicos y financieros. SBF consiguió financiar el crecimiento de FTX de forma muy rápida gracias al éxito inicial de sus agresivas estrategias de trading de estos criptoactivos llevadas a cabo bajo su compañía de trading Alameda Research; a su personalidad de magnate jovial, vegetariano y ambientalista, dadivoso por igual en favor de causas altruistas; y a su relación con influyentes políticos en Washington. Este auspicioso inicio, incluso lo animó a introducir su propia criptomoneda FTX token (algo no inusual en este mundo de las criptobolsas). Llegado el 2022, el aumento de las tasas de interés puso en apuros a entidades crediticias en criptomonedas, y SBF acudió rápidamente a su rescate tratando de mostrar su fe en el cripto sistema y reforzando su imagen de líder empresarial con visión social. Pero cuando la persistente inflación de este año hizo subir aún más las tasas de interés y castigó más severamente el precio de las criptomonedas, las empresas del propio SBF cayeron en problemas.
Aunque hay aún bastante por desenmarañar, se sabe ya que Alameda Research venía usando FTX tokens y depósitos de clientes como garantía para endeudarse, así los pasivos de FTX habrían llegado a representar 9 veces sus activos según los primeros cálculos. Esta última noticia aceleró los retiros, hasta llevar a FTX a la bancarrota hace unos días, haciendo tambalear otra vez al mercado de criptomonedas y haciendo pensar a muchos expertos que este podría ser el principio del fin (o por lo menos un largo invierno) para estos polémicos y novedosos activos virtuales.
¿Fraude o ausencia de regulación? ¿Dejadez o ímpetu juvenil incontrolado? ¿Fue FTX más allá, incluso para los estándares disruptivos de este mundo valiente y feliz (en alusión al título original de la clásica obra de Aldous Huxley)? Siguiendo la saga de los tulipanes en Holanda en el siglo XVII, CLAE, Enron, las crisis hipotecarias de los préstamos subprime, Wework, la lista de episodios en que la fe ciega en lo novedoso se tropieza con los portazos de la realidad es larga, pero nuestros patrones de comportamiento se repiten de manera tan pasmosa como decepcionante: sesgos cognitivos (“buenas impresiones”), comportamiento de manada, autoengaño contagioso.
Cuando a las personas nos presentan oportunidades de alta rentabilidad en poco tiempo, la avaricia muchas veces nos gana la partida; esta vez un poco más tecnológica, green o ecológica, sin saco ni corbata y hasta “cool”, pero avaricia al fin. Estemos muy atentos. Miremos y apuntemos siempre a las estrellas, pero sin dejar de mantener los pies en la tierra.
Fuente: Semana Económica
