La disciplina comercial está determinada, en parte, por una administración de cartera eficiente, estructurada y aplicando el sentido común. Esto favorece el cumplimiento de objetivos y metas comerciales y la buena interrelación con el cliente interno y externo, al mismo tiempo que permite mantener la calidad de la cartera en términos de riesgo crediticio al permitir la identificación temprana de señales de alerta.