Otro año tibio para la macroeconomía

Frente al riesgo de una recesión mundial, el PBI peruano crecería cerca de 2.5% en el 2023, impulsado por la producción minera y el consumo. El nuevo gobierno y, sobre todo, el gabinete serán claves para mejorar las expectativas empresariales.

La economía peruana seguirá ralentizándose en el 2023. El consenso de analistas espera un avance del PBI entre el 2% y el 2.5%, cifras menores al 2.8% proyectado para el 2022. “Son tasas relativamente bajas, que frustran, porque hay factores que podrían acelerar el crecimiento hasta un 4% o 5%”, señala Hugo Perea, economista jefe de BBVA Research.

El crecimiento lo marcará la recuperación de la producción minera. Mientras que los riesgos a la baja estarán vinculados a la persistencia de la inflación, la desaceleración de grandes economías del mundo y expectativas empresariales que se mantienen pesimistas. Ello en medio de una crisis política cuyo último capítulo tuvo como protagonista el intento de golpe de Estado perpetrado por Pedro Castillo y que podría continuar desalentando la inversión privada.

El devenir de las expectativas dependerá de las condiciones que surjan tras la vacancia de Castillo y la asunción de Dina Boluarte como presidenta. Entre ellas, resultarán claves tanto la elección —y permanencia— del nuevo Gabinete Ministerial como la reducción de la tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo. “Que no esté Castillo podría ser tomado como positivo por el mercado a mediano y largo plazo», estima Víctor Fuentes, economista jefe del IPE.

A media máquina
La recuperación de la producción minera será impulsada por la plena entrada en operación de proyectos como Toromocho y Quellaveco. “Estimamos casi medio punto porcentual de crecimiento gracias a Quellaveco”, proyecta Perea sobre una expectativa que contrasta, por ejemplo, con la desaceleración de otro motor de la economía: el consumo.

Al no esperarse nuevas inyecciones de liquidez en las familias peruanas, mediante bonos o retiros de AFP o CTS, BBVA estima un crecimiento del 4.6% para el consumo durante el 2023 y Credicorp Capital proyecta un avance del 3%. “Está por verse si se materializa, pero bajo condiciones normales deberíamos ver una desaceleración del consumo privado”, explica Daniel Velandia, economista jefe de Credicorp Capital.

Incluso con esa desaceleración, el consumo seguiría siendo un pilar del crecimiento por la recuperación de los niveles de empleo. “El consumo es más estable en el tiempo y es difícil que caiga”, afirma Guillermo Arbe, gerente de estudios económicos de Scotiabank.

El turismo también será un motor importante. “Debería recuperar niveles pre pandemia y con muchos spill overs sobre distintos sectores”, advierte Perea respecto al sector que se mantiene por debajo de niveles prepandemia. Los 1.6 millones de turistas no residentes que llegaron al país al cierre del 3T22 deberían incrementarse y ubicarse más cerca a los 3.7 millones registrados en el 4T19.

Confianza en rojo
La que no muestra atisbos de recuperación es la confianza empresarial. Esta lleva 20 meses en terreno pesimista, afectando la inversión privada.

En el 2023, la creciente desconfianza seguiría mellando este indicador. Mientras BBVA proyecta una caída del 0.4%, Credicorp Capital espera un crecimiento de apenas 1%. “Tenemos una confianza empresarial deprimida por un contexto político de mucha conflictividad. Esto afecta las perspectivas en términos de reglas claras para atraer inversión privada”, señala Fuentes del IPE.

El deterioro de la confianza genera que no existan grandes inversiones capaces de aportar al crecimiento de la economía. “Concluye Quellaveco como gran inversión minera y no hay nada en el pipeline [del 2023] que sea importante, solo proyectos menores. La inversión privada será en parte compensada por algunos proyectos de infraestructura que están en construcción en los últimos años”, agrega Perea.

Riesgos económicos
Frente al riesgo de una recesión mundial, el factor que podría restarle dinamismo al consumo privado y a la demanda interna del país será la inflación. Los analistas coinciden en que esta volverá a su rango meta recién en el 2024, lo cual generará impactos sobre los hogares más vulnerables. La inflación seguirá elevada en gran parte del 2023 y podría afectar tanto la adquisición de bienes durables como el crecimiento del comercio.

El contexto internacional, además, seguirá siendo adverso. Se prevé una desaceleración del crecimiento de las grandes economías del mundo, con la consecuente afectación de las exportaciones. “Esperamos una leve caída de exportaciones tradicionales, básicamente por el efecto precio”, indica Eduardo Jiménez, jefe del sistema de información de Macroconsult.

Aunque la desaceleración de la economía mundial afectará también a la demanda de cobre y empujará los precios a la baja, estos se mantendrán altos. “Veremos alguna moderación en 2023, pero seguimos siendo muy constructivos con el precio de mediano plazo”, añade Perea. El precio se ubicaría, en promedio, por encima de US$3.50 por libra; cifra menor al promedio del 2022.

Así, el frente externo seguirá dando vientos de cola al Perú. Pero con una intensidad menor a la registrada en el año que termina.

Fuente: Semana Económica